Quizá vayamos teniendo claro ya lo que es evangelizar, pero ¿qué significa para nuestra vida el hecho de ser evangelizadores?
Puede ser que os parezca reiterativo que machaque tanto las mismas cosas. Pero sé, que hay que insistir en lo mismo, si queremos que cale muy dentro. Lo he copiado de S. Ignacio de Loyola -especialista en repeticiones- pues debe de ser que, de tanto tratar con la espiritualidad ignaciana, se me ha ido pegando.
Esas repeticiones que, seguro habrá gente a la que no le gusten, yo las encuentro totalmente necesarias porque, cada vez que se incide en un tema, se le ve desde un ángulo distinto y eso precisamente, es lo que ayuda a enriquecer y dar una visión global del mismo. Por eso os propongo insistir de nuevo en lo que significa evangelizar, porque es necesario trabajarlo para que nosotros seamos buenos evangelizadores.

Dicen los estudiosos que en griego, el verbo evangelizar se utiliza para resumir la expresión “anunciar una buena noticia” por lo que así, a simple vista, alguien “evangelizado” es, el que ha sido “puesto al corriente de algo especial”

Esto es peligroso, porque en la era del marketing –en la que nos encontramos-, los modernos vamos aprendiendo a desconfiar de quienes nos prometen cosas sugerentes, ya que realmente la mayoría de las veces solamente son, eso, –promesas- de ahí que a muchos, la palabra –evangelizar- repetida veces y veces en el Nuevo Testamento, nos pueda causar un poco de recelo.
Y claro, insertos en ello, descubrimos que a la hora de proponer la fe a otras personas, aparecen los prejuicios, las indecisiones… sentimos como si se tratara de ofrecer un producto que repele. Y estamos tan preocupados por quedar bien, por respetar al otro, por no quedar desfasados ante él… que no queremos dar la impresión de que tratamos de imponer nuestras ideas, ni convencerlo de lo que para nosotros debería ser algo primordial… y lo vamos dejando, lo vamos posponiendo; no nos preocupa que se trate de un tema tan esencial como el de la confianza en Dios.

Pero…  ¿Nos hemos parado a ver, lo que en el Nuevo Testamento significa evangelizar?

Podemos pensar que, si la palabra “evangelizar” es una palabra tan genérica que podría emplearse para anunciar cualquier cosa ¿por qué, fue la elegida por los cristianos para describir lo más preciado de su fe: el anuncio de la resurrección de Cristo?

Pero hay más. Resulta sorprendente que ya no digamos: “poner a alguien al corriente de la resurrección de Cristo”, sino simplemente “evangelizar a alguien” Y esto que podría hacernos pensar que es para ir más rápido -en esta sociedad de las prisas-, vemos que no es así, que el haberlo simplificado se debe, a que se le quiere dar un sentido mucho más profundo.

Por lo que vamos descubriendo que, anunciar la Buena Noticia de la Resurrección no es para los cristianos hablar de una doctrina que hay que aprender de memoria, ni se trataba de un comentario para hacer meditación. Evangelizar es ante todo: dar testimonio de una transformación en el interior de la persona: Los discípulos y, ahora nosotros, necesitamos hacer ver que, por la resurrección de Cristo, nuestra propia resurrección ya ha comenzado.

De donde se desprende que:

  • Evangelizar no es hablar de Jesús a alguien, sino hacerle valorar -lo que él personalmente significa ante los ojos de Dios-
  • Evangelizar es transmitir, esta palabras de Dios, que resonó cinco siglos antes de Cristo: “Eres precioso a mis ojos y te amo” (Isaías 43,4).
  • Evangelizar es ayudar a la gente a tomar conciencia del valor que cada uno tiene ante los ojos de Dios, porque Dios nos quiere como somos.

Por eso esto tenemos que decirlo los evangelizadores, porque la gente necesita saberlo. Cuando San Pablo toma conciencia de ello, no puede menos que exclamar: “¡Ay de mí si no evangelizase!” (1 Corintios 9,16) Pero es curioso que, ante una afirmación de tanta fuerza, no dé razones de por qué evangeliza; y no las da porque no las tiene, su única razón está en el amor que siente por Cristo. La evangelización para él, no es una razón, es la consecuencia de su adhesión personal a Cristo.

Por tanto nadie puede sentirse excluido de evangelizar. El problema surge cuando nos preguntamos: ¿cómo podemos comunicar, esta gran noticia a un mundo apartado de Dios, a gente que no conoce nada de Dios y a gente que parece no esperar nada de él?
Pero hay una segunda pregunta mucho más profunda y que rara vez nos hacemos: ¿cómo evangelizar a los que estamos en la iglesia y nos creemos estar evangelizados y saber todo sobre Dios?

No nos engañemos. Solamente el conocimiento de Cristo, la adhesión personal a Él, el experimentarlo en nuestra vida, el compartir sus alegrías y padecimientos… nos hará ser esos evangelizadores que la iglesia necesita, para que Jesucristo llegue a ser creíble en todos los rincones de la tierra.

Por tanto, lo que realmente necesitamos descubrir, es que para ser buenos evangelizadores, -además de tener un buen conocimiento del evangelio de Cristo- necesitamos sentir: a Dios presente en vuestra vida, porque cuando lo descubramos,

NADA NOS FALTARÁ.
TENDREMOS TODO ABUNDANTEMENTE.
Y ya no lo podremos guardar, saldremos a
mostrarlo desde el amor.

 

 

 

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