ORACIÓN PARA ADVIENTO

 

Por Julia Merodio

 

Ha comenzado el Adviento. Y, algunos años, nos cuesta empezarlo más que otros.

Porque sabemos bien que, cada Adviento es: una nueva tarea, un nuevo compromiso y un nuevo esfuerzo.

Pero, a pesar de todo, queremos empezarlo con: entusiasmo, con alegría renovada, con ilusión siempre nueva.

Sabemos, que Dios viene; viene cada día y está a nuestro lado: en nuestra familia, nuestros amigos… en las cosas sencillas y en nuestra misma persona.

Pero eso no nos impide decirle: ¡Ven pronto Señor! ¡Ven, de nuevo; ven una vez más, a nuestra vida! ¡Te necesitamos!

Gracias, por este tiempo de adviento, que nos regalas.

Gracias, por darnos la oportunidad, de comenzarlo de nuevo.

Gracias, por tu nueva presencia, que nos envuelve.

Ayúdanos, a llenar este adviento de: paz, de solidaridad, de amor, de esperanza, de entusiasmo… Para decirte cada día, desde lo profundo de nuestro corazón: ¡Ven, Señor, Jesús!

 

ORAMOS –A DOS COROS-

 

Queremos preparar tu llegada, Señor.

Queremos alabarte, sentirte, recibir tu amor profundo.

Queremos glorificarte y cantar para Ti.

 

Queremos despertar, levantarnos, mirar hacia arriba…

Queremos despertar al que duerme.

Acompañar al que camina solo por la vida.

Al que no cuenta contigo y pasa de Ti.

Y a los que están sumidos en los sueños de la muerte.

 

Queremos ser vasija de barro, que Tú llenes con tu gracia.

Queremos ser, sandalia para los pies descalzos.

Cantimplora para saciar la sed del caminante.

Candela que alumbre a los que caminan en la noche.

 

Por eso, te necesitamos, Señor. Te necesitamos,

para que libres de obstáculos nuestro sendero.

Te necesitamos más que el agua en el desierto.

Más que el aire para respirar.

Más que el sueño para nuestro descanso.

 

Contigo, el camino se hará más fácil y llevadero.

Las crisis tendrán salida y las preguntas respuesta.

Contigo, nuestro corazón se llenará hasta su fondo.

Y no habrá obstáculo que no seamos capaces de superar.

 

TEXTO EVANGÉLICO Isaías 41, 17- 20

 

Yo, el Señor, os responderé. Yo, el Señor, no os abandonaré. Alumbraré ríos en cumbres peladas; en medio de las vaguadas, manantiales; transformaré el desierto en estanque y el yermo en fuentes de agua; pondré en el desierto cedros y acacias y mirtos y olivos; plantaré, juntos en la estepa: cipreses, olmos y alerces.

Para que vean y conozcan, reflexionen y aprendan de una vez, que la mano del Señor lo ha hecho, que el Santo de Israel lo ha creado.

 

PARA LA REFLEXIÓN

Un año más, aparece ante nosotros el tiempo de Adviento y nosotros nos encontramos en el umbral de la puerta esperando entrar en él.

Todavía no hemos sido capaces de darnos cuenta que el Adviento está insertado en nuestra vida como algo innato en ella.

Que Dios no viene y se va según llegue o termine el Adviento. Que Dios llega a nuestra vida hoy y vendrá mañana, lo mismo que se hizo presente ayer. Porque Dios viene, siempre viene; el problema radica en que nosotros seamos capaces de verlo y acogerlo.

Pero también hacen falta precursores que griten su llegada y todos vemos que escasean demasiado. Por eso, en este tiempo de Adviento, tendremos ante nosotros una petición permanente. Pediremos al Señor, que mande sacerdotes a tantos sitios donde nadie hablará del Adviento. Que se acuerde de suscitar vocaciones en su iglesia.

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En lo que a todos respecta, se trata de estar atentos a su venida, de ser capaces de detectar su llegada, de descubrir sus pasos caminando con los nuestros.

Lo que pasa es, que no siempre resulta fácil situarse en el umbral de la puerta y esperar a Dios.

De ahí, este tiempo de Adviento, tan significativo y predilecto, que nos ayuda a introducirnos en el silencio para escuchar sus pasos y esperar su llegada.

Es triste que solamente unos pocos seamos conscientes de ello. La sociedad actual no está preparada para entrar en el silencio y, todavía menos, para ser paciente ante la llegada de acontecimientos; por eso el Adviento pasa desapercibido sin que muchos de los que comparten con nosotros se enteren de que ha llegado. Y es que… ¡cuesta tanto esperar! ¡Cuesta tanto silenciarse!

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Nosotros sabemos que estar conectados con el Señor no es fácil. A veces, nos gustaría que nos hablase de otra manera, que se presentase de diferente forma, que nos avisase de sus llamadas y las hiciese de manera más convencional, porque hemos visto demasiadas veces que, muchos se van cansados de esperar; no han sido capaces de reconocerlo. Otros, quizá la mayoría, se van porque han pensado que esto no iba con ellos.

Fijaos en lo que os digo – dice Dios-  Yo, sí sabía bien, que esto iba a pasar, por eso os he regalado un nuevo Adviento.

Quizá fuese bueno que, durante ese tiempo, os preguntaseis, vosotros, los que no os habéis marchado:

–      Cuando estoy en el umbral de la puerta: ¿A qué Dios espero?

–      Cuando llamo, ¿por qué Dios pregunto?

–      Cuando me abre ¿lo reconozco?

–      Sé que llega el tiempo de Adviento. ¿Entro en él, abierto a las sorpresas de Dios?

–      ¿Me he planteado que, quizá, esté yo llamando a la puerta de un dios, que no es el Dios de Jesucristo?

–      ¿O, quizá, que el Dios que me abre, no es el que me gustaría encontrar al otro lado de la puerta…?

 

TODOS

Señor:

Yo sé que estás en las ternuras manifestadas.

En las bondades regaladas,

En los enfados perdonados.

En los encuentros inesperados.

Sé que estás, Señor:

En las indiferencias superadas.

En los silencios acogidos.

En el reencuentro sugerente.

En las emociones compartidas.

Estás, en la calma de la oración.

En el silencio del alma.

En la paz del corazón.

En la fidelidad al compromiso adquirido.

En la unidad de sentirnos hermanos.

Y en las emociones con sabor a Dios.

 

 

PETICIONES -Espontáneas-

 

PADRENNUESTRO

 

ORACIÓN FINAL

Madre: Queremos, como tú, ser Adviento, desde nuestra realidad personal; desde el puesto donde Dios nos ha situado; desde nuestra manera de comportarnos.

Enséñanos: la forma de estar abiertos, a la voluntad de Dios; de estar siempre disponibles y de vivir de modo pleno y comprometido la realidad del mundo.

Ayúdanos a ser Adviento para los demás, desde un estilo de vida sencillo como el tuyo, basado en la espera y el compromiso.

Haz que nos esforcemos por conseguir, un crecimiento personal, que nos identifique cada día más contigo, en que de verdad haya una coherencia entre lo que decimos y lo que hacemos.

Y que, todo esto, se traduzca en una acción de gracias, por tantos dones recibidos; porque ellos son, los que nos hacen acoger con alegría, las sorpresas de Dios.

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