LA ENSEÑANZA DE UN MATRIMONIO BÍBLICO

 

Por Julia Merodio

 

Sé que os va a extrañar que os ofrezca este tema. Realmente, nunca me había detenido a reflexionar sobre un Matrimonio Bíblico, aunque en mis escritos, los personajes bíblicos, fluyan con normalidad; pero eso de fijarme en un matrimonio no se me había ocurrido y el que la idea hay venido a mi mente, me ha parecido sugerente.

He pensado que, nada sería más oportuno para una comunidad de matrimonios que un tema como este y dado que la Iglesia celebra el día 5 de noviembre la fiesta de Zacarías e Isabel, he pensado tomarlos a ellos como referencia.

ZACARÍAS E ISABEL

Hace mucho que no os ofrecía, un tema de familia, para nuestra reflexión y la verdad es que, cuando elegí éste, no pensaba que me llevaría mucho más lejos de lo que todos conocemos sobre los personajes, sin embargo, ha resultado que, a medida que me voy sumergiendo en él, voy entrando en un pozo sin fondo de discernimiento, enseñanza y testimonio.

Ciertamente, ¡cuántas cosas nos perdemos, por este ritmo frenético de vida que nos marca la sociedad actual!

 

HACIENDO DEL TEXTO ACTUALIDAD

Es difícil traer a la actualidad una situación que parece totalmente caducada.

Hoy, la esterilidad, no sólo está exenta de repercusión negativa, sino que además, muchos de nuestros contemporáneos, lejos de considerar a los hijos como una bendición de Dios, los consideran como una verdadera carga de la que, demasiadas parejas, huyen para no complicarse la vida. Todos oímos con reiteración. ¿Qué pasará con mi trabajo si me quedo embarazada?

Y lo que es peor todavía, hay muchas parejas que no pueden quedarse embarazados porque no podrán ir de vacaciones, comprarse el coche de sus sueños… e, incluso, porque “no les apetece”… Consecuencias que ya empiezan a ver la luz en el momento actual.

Y ¿qué decir de lo de ser justos y caminar sin tacha en los preceptos del Señor? Hasta la forma de decirlo está obsoleta y trasnochada. Hoy ser justo es sinónimo de apocado, cobarde, acomplejado…

Sin embargo, a mí me parece que esto no puede darse por hecho y archivarlo sin más; quizá pueda enseñarnos más de lo que, a simple vista pueda parecernos.

 

LA ENSEÑANZA DEL TEXTO

El hilo conductor, de todo lo que se nos muestra este pasaje, es el amor. Zacarías e Isabel, han tomado la decisión de amar y no dejan que nada ni nadie los frene. Juntos aceptan su realidad, la suya propia que nada tiene que ver con la de su vecino. Y saltando por encima de los prejuicios y las contrariedades viven una historia de amor plena en entrega, respeto, fidelidad, donación… ¡gran enseñanza para los que vivimos en este tiempo tan próspero y adelantado, que nos lleva a pensar solamente en nosotros mismos sin importarnos lo más mínimo lo que les ocurre a los demás!

Pero, al mismo tiempo, no se quedan anclados en la negatividad y lo antiguo, ellos están abiertos a lo nuevo, están abiertos a la alianza, a lo que un día se prometieron ante Dios. Y esa apertura se confirma en el fruto de sus entrañas, algo inesperado e imposible para ellos, pero posible para Dios.

Ahí está viendo la luz, la grandeza de su alianza; las leyes caen derruidas, las palabras bonitas sobran, los aderezos quedan anulados… allí sólo queda lo autentico, lo grandioso, lo que sólo se puede ver y apreciar con los ojos del alma.

 

¿QUÉ PUEDE ENSEÑAR TODO ESTO A UNA RELACIÓN ACTUAL?

Cuando a Zacarías se le comunica que va a ser padre, no se lo cree. Él conoce bien la realidad y sabe que su mujer, no solamente es estéril, sino que, además, se le han pasado los años de concebir. Más, ante su incredulidad, nos dice el relato, que Zacarías se queda mudo.

Si nos adentramos en la realidad matrimonial, observamos que algo de eso nos pasa también a nosotros. Según va pasando el tiempo, percibimos cómo las negatividades de cada uno van apareciendo.

Al casarnos anhelamos: un hombre maravilloso, una mujer perfecta,…y,  nos vamos encontrando con lo humano, lo frágil, lo perecedero… nos vamos cansando, nos vamos decepcionando, nos vamos acoplando… empezamos a vivir “dos vidas” y, antes o después, nos empiezan a entrar ganas de dejarlo todo.

Pero el Señor, lo mismo que a Zacarías nos manda mensajeros, motivaciones…. Para decirnos: esto tiene remedio hay gente que puede daros la receta y, también, como él, no nos lo creemos ¡Cómo solucionar esa costra pesada que llevamos a los hombros de soledad, decepción y aburrimiento! ¡Eso no lo solucionan ni los más expertos psicólogos matrimoniales!

Como a Zacarías, eso nos lleva a quedarnos más mudos de lo que ya estábamos. ¿Para qué dialogar si antes de que abra la boca el otro, ya sé lo que me va a decir?

Es ahora cuando aparece la enseñanza del pasaje, mostrándonos la grandeza de estar abiertos a la novedad que llega. ¡Lo bueno del otro siempre está por aparecer!

Creo que, en esto no hay que insistir más. Pues  ¿quiénes, de los que lo estáis leyendo, no lo habéis comprobado ya?

Si volvemos al relato nos damos cuenta de que, las entrañas de Isabel se hicieron fértiles ¡No puede creerlo! Pero también nosotros podremos comprobar que, si trabajamos nuestra relación, nuestra vida se vuelve fértil ¡Es una admiración que surge de cuantos lo han intentado!

Los dones que teníamos guardados empiezan a fluir; la entrega, el respeto, el dialogo, la escucha… comienzan a ser realidad; notamos cómo vamos madurando en particular, a la vez que esa maduración hace crecer nuestra relación de pareja. La alegría vuelve de nuevo a nuestra vida y todo el entorno, empezando por los hijos, los padres, la familia… gozan de más felicidad.

Es por eso, por lo que os invito a trabajar vuestra relación. Para ello es importante hacer silencio y preguntarnos, cada uno personalmente, para después ponerlo en común, no sólo estas preguntas que os sugiero sino todas las que a vosotros os vayan surgiendo.

  • ¿Cómo va nuestra relación en este momento?
  • ¿Hay alguna tristeza que todavía esté instalada en nuestro camino?
  • ¿Hemos superado los momentos de desesperanza o todavía queda alguno instalado sin piedad?
  • Después, pasemos ratos recordando juntos, esos momentos en que nuestros ojos se abrieron y vimos al otro en plenitud.
  • Esos momentos de encuentro en que nos abrimos por dentro y regalamos al otro esa vida que albergaba nuestro corazón.
  • Traigamos al presente, esos sueños que nos han sido difíciles realizar pero que hoy se han reavivado.

 

MOMENTO DE ORACIÓN

No podríamos terminar sin observar qué aporta, también, todo esto a nuestra fe. De ahí que podemos ponernos en presencia de Dios para acoger en oración esta última parte.

A mí, lo primero que me sugiere todo esto es que, lo mismo que necesitamos dos pies para andar, necesitamos “lo divino y humano del amor” para que nuestra relación funcione.

Si enamorados significa amor-a-dos, del texto nos impresiona que se refiera a los dos esposos a la vez y no lo haga por separado.

Si la pareja está compuesta por dos individuos y, para más dificultad, uno masculino y otro femenino; la realidad nos dice que cada uno tendrá su espiritualidad, ya que eso es personal e intransferible, pero la grandeza radica en irla viviendo al unísono en vez de separadamente.

A nosotros –mi marido y yo- nos alerta del respeto que hemos de regalarnos, para acoger sin interferir el ritmo del otro, el paso del otro, la senda del otro… pero, sobre todo, de la nobleza de juntar los dos ritmos para caminar juntos, para rezar juntos, para realizar actividades juntos.

Es por esto, por lo que os adjunto, las preguntas de rigor, para que las vayamos interiorizando y respondiendo delante del Señor:

  • ¿Interfiere en mi vida, la manera de vivir el otro su fe?
  • Si es así ¿lo he dialogado con él- ella?
  • ¿Me he preocupado de preguntar al otro si le gusta o no cómo vivo mi fe?
  • ¿Qué responsabilidades de tipo religioso tenemos juntos?
  • ¿Tenemos alguna separados?
  • ¿Interfieren en nuestra relación?
  • ¿Reservamos algún momento del día para orar juntos?

Aquí os dejo plasmados los sentimientos que me han ido surgiendo según desarrollaba el tema, espero que os ayuden a amar con más fuerza, a renovar vuestros ojos a la hora de miraros y a sentiros mucho más cerca el uno del otro.

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