ES NAVIDAD 

 Por Julia Merodio

 ¡Qué rápido pasa todo! María, aprendió, por propia experiencia, lo que es la aceptación libre, voluntaria y  gratuita. Ella, supo bien, de quién se había fiado y no hubo nada ni nadie que pudiera detenerla.

 Después de lo que había pasado, conoció en, carne propia, lo que es la oscuridad de la fe. Esa oscuridad que, el conocimiento humano, no puede descifrar. Por eso supo ir, más allá de las cosas, con la seguridad de que, Dios lo puede todo.

 LLEGA LA SALVACIÓN

¡Mirad! Ahí está. ¡Miradlo bien! Es, Él en persona. Ahí reposa, en una cueva sin puerta para que cualquiera pueda llegar. Sin protección, sin escolta, sin tapias, sin alarma, sin alambradas… Él no tiene tesoros que le puedan robar, ni bienes atractivos, ni riquezas de ningún tipo… Él es el gran tesoro, la gran riqueza…: Es Dios. Nuestro Redentor; que ha elegido para instalarse, un humilde y pobre, pesebre a fin de que no les dé reparo llegar a los pastores, los excluidos, los marginados, los sin techo… los desfavorecidos de la tierra. Y lo ha hecho para llenarlos a ellos y a nosotros de dones, para mostrarnos las cosas bellas que habitan en nuestro interior y que, todavía, no hemos sido capaces de reconocer.

Por eso quiero pediros que, este año dediquemos un tiempo amplio para hacer oración, en estos días de Navidad; procuremos, admirar y acoger al Dios que llega a salvarnos. Acerquémonos al Portal, contemplemos al Niño en brazos de su Madre; démonos cuenta del amor que refleja José en su semblante, miremos como cuida al Niño y a María; observemos su silencio, su delicadeza, su humildad para ocupar el último lugar.

Y después querría pediros una plegaría especial por todas esas madres a las que les han arrebatado al hijo de sus entrañas; por todos los no nacidos despedazados sin piedad; por todas las personas que, un año más, han despreciado la gracia que se les ofrecía; por todas esas que no quieren saber nada fuera del consumo y el despilfarro. Dentro del dolor que causa tanta indiferencia no queda más remedio que decir: Señor, conocemos nuestras carencias, pero tienes que comprender que, poco podemos manifestar a la gente que no ve lo que está mirando.

Por eso, vamos a tener muy presentes, en nuestra oración, a todos ellos: a esos que no ven, a los que ni siquiera miran, a esos que huyen cuando vislumbran que se les va a hablar del valor de la Navidad… y como somos conscientes de que, no podemos llegar hasta su realidad, este año los llevaremos con nosotros hasta la Cueva de Belén y, le hablaremos a Jesús, de una manera especial, de ellos y les diremos, por si alguno nos puede oír o leer: Tened la seguridad de que la técnica puede fallar, los interlocutores podemos fallar, los que se dicen amigos pueden fallar… Sin embargo, el único que nunca fallará a nadie, es: EL EMMANUEL – EL DIOS CON NOSOTROS.

                                 ¡¡¡FELIZ NAVIDAD!!!

L I T U R G I A    N A V I D A D

PREGÓN DE NAVIDAD

Hace miles y millones de años, cuando las estrellas del universo, aún estaban apagadas, cuando los mares estaban secos y los montes no se habían formado; en una explosión de amor: El Universo brotó de las manos de Dios.

Y, siguieron pasando los años, sin que nada nuevo volviera a suceder, hasta que después de miles y millones de años, germinó de nuevo, el amor de Dios que revistió con la dignidad de su imagen al ser humano.

Los nombró: hombre y mujer. Los adornó con sus cualidades y les infundió “el soplo divino” haciéndolos a imagen suya. Los colocó en un hermoso jardín, donde la felicidad los colmaba y era, el mismo Dios, el que cada día los acompañaba en su paseo vespertino.

Pero el llanto surgió sobre la tierra. El ser humano no supo agradecer a Dios su generosidad y le dio la espalda al querer ser como Él.

Sin embargo Dios no se dio por vencido. Volvió a empezar. Hizo surgir, de entre los habitantes de la tierra,  profetas que eligió para que rigiesen a su pueblo: Moisés, Abrahán, Jacob… Ellos supieron fiarse e Dios y guiar a ese pueblo con mano firme y segura.

Pero, todavía, las noches eran largas y sombrías; la Luz se resistía en aparecer en aquella tierra tenebrosa y triste y los humanos habían dejado de caminar en concordia y compañía, disgregándose y dejando, apartados, a los más desfavorecidos.

Ellos, sumidos en su desdicha, miraban al cielo suplicando la salvación y su súplica fue escuchada por el Señor.

Así, después de tantos siglos de espera, Dios se fijó en María y la llenó de gracia. Le dio un corazón limpio, dócil, humilde, sincero…

Y, los tiempos, llegaron a su plenitud. Y, el sueño de amor de Dios se hizo carne en las entrañas de la Virgen de Nazaret y el Espíritu Santo la cubrió con su sombra.

El cielo y la tierra se conmovieron y cantaron, la ternura inmensa de ver que Dios se hacía hombre.

Y, todo el Universo, que él había creado, se estremeció  cuando a los nueve meses María dio a Luz el fruto Bendito de su vientre.

Fue: La primera Navidad. Una Navidad siempre nueva y siempre joven. Una navidad donde, descubrimos sobrecogidos:

El sueño de Dios, de formar un mundo nuevo, que le vuelve a decir “no”.

Su grandeza, escondida, en un recién nacido.

El Sí, incondicional, de Dios, a cada ser humano.

Su Luz capaz, de disipar, nuestras tinieblas.

La fuerza, de su amor, apostando por nosotros.

Una Navidad… que volvemos a celebrar hoy, en este año de 2007, en esta parroquia de Santa María de la Esperanza.

MISA DE MEDIA NOCHE

Monición de entrada.-

         ¡Aquí está!

Está: el esperado, el salvador, el libertador, la grandeza suma.

Es, el mismo Dios, presente en ese Niño, que acaba de nacer.

Está reclinado, en el “pesebre” que cada uno, personalmente, le hemos preparado en nuestro corazón.

Y, junto a Él, contemplamos a: María y José, mudos, ante el asombro.

No podemos quedarnos impasibles. Es momento de responder a su llamada de salvación. Él, personalmente, nos está invitando, esta noche: a vivir en el amor, a hacer un mundo más fraternal, más humano, a renovar cuanto nos rodea.

Nos invita a pronunciar, en este momento denso y profundo, un SÍ incondicional, como el de María.

Un SÍ a, la alegría, de la conversión.

Un SÍ, al cambio profundo.

Un SÍ a la donación gratuita.

Un SÍ a la voluntad de hacer un mundo mejor…

Un SÍ a unir nuestros corazones, para celebrar juntos,  la mayor acción de gracias, que podamos ofrecer: La Eucaristía.

Monición sobre las lecturas.-

Las lecturas nos hablan de, ese puente, que Dios nos tiende, entre tiniebla y luz; entre el punto de partida y el punto de llegada.

Nos invitan a abrir los ojos para ver extasiados a un Niño descendiente de David, portador de plenitud, de justicia y de paz.

Es la venida de Cristo, nos dice la segunda lectura, que viene a proponernos, desde ahora, un comportamiento nuevo, sincero, cordial, fraternal… Una vida purificada y digna de recibir, en su aparición gloriosa, al Salvador del mundo.

Y el evangelio nos da la señal para reconocerlo: la pobreza, la sobriedad, la humildad.

Pues sólo cuando dejemos la suntuosidad, la grandeza, las preferencias, los privilegios… en que se ha acoplado nuestro mundo; podremos llegar a la cueva de Belén, donde en el silencio de la noche, aparece ante nosotros: La Majestad de Dios.

Oración de los fieles

Llenos de alegría ante el Salvador del mundo, presentamos nuestras necesidades y las de todos los hombres, con la confianza de ser escuchados.

R. GRACIAS POR ESTAR CON NOSOTROS, SEÑOR-

1.-  Por el Papa y todos los que tienen un puesto de responsabilidad en la Iglesia; para que no permitan, que se quede nadie sin oír, el anuncio del nacimiento del Señor. OREMOS

2.-  Por los que esta noche no han tenido nada para saciar su hambre de pan y de amor; para que sepan que aunque las personas somos injustas, Dios ha nacido, de una forma especial, para ellos. OREMOS

3.-  Por los que sufren a causa de la violencia y las guerras; para que sientan, esta noche, dentro de su corazón la necesidad de dejar las armas y vivir en justicia y amor. OREMOS

4.-  Por las familias que se han reunido pero no viven la fraternidad; para que el Señor ponga en su corazón la capacidad de perdonar, acoger, y amar. OREMOS

5.-  Por los que estamos celebrando esta eucaristía; para que, mirando a ese “Dios con nosotros”, arda nuestro corazón y se nos ablande el hielo que tantas veces lo envuelve. OREMOS

Señor, recuérdanos todos los días del año, la gran Noticia de Salvación que celebramos esta noche.

Y dinos, de vez en cuando, ¡Alegraos! Porque os ha nacido un Salvador: el Mesías, El Señor.

Te lo pedimos por Jesucristo nuestro Señor.

Amén

O F R E N D A S

Tarjetas de felicitación.-

Con estas tarjetas navideñas queremos llegar a los que nadie los felicita, a los que están solos, a la cama de cualquier hospital donde un enfermo necesite compañía… y, a todos los desfavorecidos de la tierra de los que nadie se acordará.

Micrófono.- 

Dios se ha manifestado al ser humano, pero nosotros somos la voz de Dios. No tengamos miedo de gritar esta noche: Para decir a los abatidos una palabra de consuelo, para llevar, la dicha, a cuantos se sienten desgraciados, para decir a los que todavía odian, que Dios es padre y los ama; y gritar, a los tienen miedo, ¡no temáis! porque Dios os acompaña.

Alianzas

Te ofrecemos estas alianzas matrimoniales, a Ti que elegiste una familia, para vivir en la tierra, a Ti que la dignificaste y la hiciste sacramento de amor; en ellas queremos ofrecerte a todas las familias del mundo, esa familia degradada por tantos golpes, como la asedian: La ponemos en tus manos para que, Tú que todo lo puedes, le devuelvas la dignidad perdida.

Ropita de Bebé

Te ofrecemos esta ropita de bebé, para que disipe el frío de, todos esos bebés, que no tienen nada para cubrirse; porque muchos, cobardes, sin escrúpulos, no querían que nacieran; pero sus madres, mujeres valientes como María, optan por tener a sus hijos aunque no tengan nada con que protegerlos.

Dos bandejas con comida  (En una Turrones y, en otra, arroz)

Aquí te traemos estas dos bandejas, que representan el mundo desigual donde vivimos. Con ellas queremos cuestionarnos, una vez más y denunciar, tanta injusticia, que preferimos pasar por alto para que no nos interrogue.

Pan y vino

Te ofrecemos el pan y el vino, alimento del alma. Alimento regalado, ofrecido, brindado…

El mismo para todos, en él no hay distinciones. Alimento para ricos y pobres; señores y siervos; santos y pecadores…

En él se ofrece el mismo Dios, como sacramento de salvación, para cuantos llegan a

ACCIÓN DE GRACIAS

En este momento, de ternura y cercanía,

En el que te sentimos más cerca que nunca,

te decimos desde lo profundo del corazón:

Ahora, que te percibo,

que te he visto nacer;

quiero ver cuánto me entregas

y quiero verlo con fe.

Quiero dejar mis tinieblas;

quiero la luz, encender;

quiero salir de la noche

y que empiece a amanecer.

¡Qué bien veía de niña

y qué mal veo al crecer!

Cómo se cansan los ojos,

de tanto mirar, sin ver.

Dame un foco que ilumine

mi entendimiento y mi ser.

Dame la Luz verdadera,

porque, Señor, quiero ver.