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Madre y Señora

A Ti, cuando jóvenes, consagramos cada uno nuestro amor y Tú Virgen de vírgenes, guardaste nuestras vidas.

Hoy, cuando ese amor nos unió a ambos en el deseo de una paternidad a imagen del Padre de toda vida, queremos consagrarte su nueva forma con esta promesa que es súplica a la vez.

Sé Tú la Madre del Amor Hermoso que bendiga nuestro amor con la ilusión de unos hijos, a la vez nuestros y tuyos.

Sé la Señora del Buen Consejo que ilumine nuestras decisiones.

Sé la Virgen del Cenáculo que vele, como entonces, por este pedazo frágil de tu Iglesia, que es nuestra familia.

Sé la permanente convidada de Caná, que transforme nuestra unión en perpetuo convite de bodas, del que nunca falte el vino de la ilusión y la presencia sentida de la Madre y el Hijo.

Sé, finalmente, Reina ascendida al cielo, la que reagrupes a tu lado, y ya para siempre, a todos los que, juntos aquí, recibiste consagrados.

Amén

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